APEGOS: FORMACIÓN, UTILIDAD Y RELACIÓN CON EL KARMA

Hace unos días se celebró el Día Internacional de la Mujer. Nunca antes les había puesto real atención a los días internacionales de nada, a menos que fueran el Día de la Tierra o el Día Internacional de la Meditación, porque son excusas excelentes para realizar ceremonias y enviar coherencia a todo el Planeta. Cuando una amiga mencionó el día de la mujer, sentí un llamado a realizar un Círculo de Mujeres. Me encantaba la idea de realizar un círculo mágico, en donde podamos activar cambios en cada mujer participante, aprovechar nuestra energía conjunta para ayudarnos a trascender mutuamente y enviar amor al Planeta. Finalmente lo hice así. Gestioné la realización de dos de estos Círculos, uno de orden creativo y transformador para la mañana del domingo 8 de marzo, y otro Círculo de Autocuidado para revisar cómo va nuestro amor hacia nosotras mismas y mejorar nuestras relaciones interpersonales. En la mañana, mientras caminaba hacia el estudio, decidí enviar a mis alumnas del grupo de Whatsapp de las clases de yoga un saludo por nuestro día. Me enfoqué en llevar a cabo la sesión, que fluyó hermosamente, y al terminar y despedir a las asistentes, me fijé que una alumna, muy activa del grupo, había contestado mi mensaje con una publicación de 8M. Me sentí mal. Es una persona a la que había intentado levantar de diferentes maneras pues siempre le está pasando algo. Entiendo que puede escoger molestarse por una situación internacional relacionada con la violencia contra las mujeres (pero justamente, el trabajo que hacemos en los círculos mágicos y con el envío de energía coherente es apaciguar y terminar con esa violencia), pero no entendí por qué en vez de dejar mi saludo sin contestar o escribirme en privado, decidió realizar ese mensaje de manera comunal. Yo sentí que algo se había resquebrajado en mí energéticamente, me sentí frustrada, decepcionada, quería vengarme.

¿Qué estaba pasando conmigo? Esta situación fue excelente pues me estaba enseñando de qué maneras todavía perpetuo patrones de comportamiento que me impiden evolucionar y cómo perpetúo esas energía mediante la generación de nuevos cordones de apego.

En un ensayo anterior hablé sobre la diferencia entre conexiones y apegos. Las conexiones están relacionadas con al libertad, con la voluntad, el amor y el corazón. Son insondables y eternas, a veces las sentimos más fuertes, cuando establecemos una relación constante con alguien, como la familiar, a veces son casi imperceptibles, como las conexiones que mantenemos con cualquier objeto de la galaxia o con seres cuya existencia ignoramos. Que no percibamos la conexión no descarta su existencia, aunque sí nos comportamos como si no existieran. 

La los apegos están relacionados con la dependencia, el sometimiento, las patologías, la ignorancia. En el plano de mi percepción sutil, veo las conexiones como una suerte de hilos de luz armoniosa. Los apegos se ven para mí como cordones densos de energía muy similares a las cadenas. Con frecuencia, los apegos o cordones densos están asociados a relaciones con diferentes grados de agresividad, ignorancia y adicción.

Está claro que los seres humanos estamos conectados y también apegados. Lo que determina nuestro nivel de conexión y nuestros apegos es nuestro nivel de conciencia y de conocimiento de nuestros patrones de comportamiento conocidos como egos. La procrastinación es una fuerza relacionada con la energía Tamas (una energía aplastante, muy presente en la ciudad de Lima, que promueve la quietud y la no-acción). Los egos que se ven en peligro de desaparecer se valen de esta energía para activar la procrastinación de aquello que queremos activar. En realidad es un proceso más complejo, pero tomando en cuenta que Tamas y Rajas, la energía de la activación, son dos extremos de un poder que influye y determina leyes que nos gobiernan a nivel sutil y físico, el ego activa rajas en pensamientos, sentimientos y situaciones que le permiten perpetuidad, y aplica tamas para evitar eso que nos va a trascender y poe ende, destruirá al ego. La autopreservación de esas conciencias virales que llamamos egos se mantiene desde una absorción de energía vital de nuestro espíritu, nuestra esencia. Los egos, a diferencia de la voluntad, o del alma, o incluso del subconsciente y la mente, son incapaces de generar su propia energía, y como cualquier parásito, encuentran maneras de perpetuarse. No son muy diferentes de los parásitos biológicos: notamos su presencia por cambios en nuestra fisiología. Los egos denotan su participación en nuestra constitución por nuestra conducta, nuestros pensamientos y emociones, y por el nivel de insatisfacción, frustración, agresividad, deseo de venganza (que le podemos poner el nombre de justicia pero nunca es así; la justicia se produce en el acto, no es una corriente emocional).

Con respecto de la justicia, haré un breve paréntesis porque es importante mencionarlo. Las emociones densas aparecen para denotar, esto es muy importante, denotar un desbalance energético que se ha producido en mi relación conmigo misma o mi relación con el entorno. Estas emociones, que son la fuente de la densidad del Planeta, y son responsables de que nuestros cuerpos sean una manteria de apariencia densa, pueden ser: autocompasión (la sensación de que se es absolutamente impotente, que se está desvalido y solo y está relacionada con la depresión), lujuria, ira, venganza, frustración, miedo, juzgar (como lo dije anteriormente, juzgar es diferente de saber. Sabemos que un acto determinado está mal y el perpetrador debe ir a la cárcel. No juzgamos en chismes ni condenamos moralmente. Esa condena moral que nos pone en un pedestal y al criminal en un estado infrahumano, es causa de separación y nos impide ver las cosas con claridad), el deseo de quejarse cada día de algo o varias cosas, insatisfacción, etcétera. ¿Estas emociones están mal? No. Están ahí para avisarnos que pasa algo. Hay emociones extremas como las tres primeras. Esas emociones corresponden a desequilibrios que se relacionan con la falta de autoconocimiento, y se nutren en la identificación del yo con el sentimiento correspondiente. Como lo estoy sintiendo yo, es parte de mí, y es justo. Esto puede llevar a personas a cometer crímenes, pues validan tanto lo que sienten, que si alguien o un grupo contradice lo que esta persona piensa o su comunidad piensa, se va a sentir en la obligación de contestar esa aparente ofensa con violencia.

Pero tomemos mi caso como ejemplo, que para eso lo estoy escribiendo aquí. ¿Qué estaba operando en mí? En primer lugar, había puesto un grado de voto de confianza en una persona que yo ya había visto que no podía ganárselo.. Es alguien que tiene buenas intenciones y buen corazón, pero esta interacción revela cómo realizo mis interacciones en general. Si no hay un equilibrio en cuanto a la energía que doy o la que me piden, y yo otorgo de más, estoy en desventaja. Estaba esperando, sin ser conciente de ello, que ella me contribuyera con el equivalente de energía. Cuando la situación se da de que en vez de un apoyo hay una diferencia de opiniones realizada en frente de otras personas, lo cual, claro está, no es un hecho para nada grave, yo lo sentí superlativamente, porque además la respuesta la había recibido durante mi Primer Círculo de mujeres, no pude hace la réplica correspondiente en su momento, y todo eso me llenó de una frustración que permanecía en mi pecho. Incluso, hice el comentario en una publicación de redes sociales, quejándome de cómo cuando unas mujeres quieren impedir que otras celebren nuestro día, por los motivos que sean, están utilizando las mismas tácticas patriarcales de violencia enmascarada de justicia contra las que tanto se quejan. Sentía que ese anuncio estaba perpetuando mi frustración y mi apego.

En primer lugar, comprendí que tengo un patrón de comportamiento que cargo de muchos siglos atrás y que tiene que ver con establecer relaciones de manera naïf. Parte de mí está esperando recibir el amor y  la atención que yo profeso con mis personas queridas, sin que ellas me hayan pedido o demostrado en ningún momento establecer una relación igual de cercana. En todo caso, ninguna de estas personas, ni siquiera la alumna que sintió viable, seguramente sin ninguna mala intención conciente, ha pedido ni ha dicho que quiere establecer una relación de igual intensidad conmigo. El patrón de comportamiento que genera conflicto no es el de ella, es el mío. Yo ya había estado revisando esa parte de cómo establezco relaciones de pareja o de amistad cercana, y siempre es igual. Muy pocas personas corresponden a mi nivel de intensidad. Pero por diferentes motivos, o porque una ex amiga era muy inteligente, o porque un amigo mío, a quien llamé por un tiempo mejor amigo, es muy parecido a mí y compartimos conversaciones e intereses difíciles de entender para otras personas, no quiere decir que me van a poner a mí en el mismo nivel de relación que yo a ellas. Están en todo su derecho de relacionarse conmigo como les fluye. Mi aparente necesidad de establecer lazos estrechos se nutre de mi falta de encontrar puntos de interés comunes con la mayoría de seres humanos. En un sentido, me parezco a la mayoría: necesito pertenecer a una comunidad que esté cercana a mí físicamente, no solo a una comunidad virtual de almas gemelas que están esparcidas por el mundo (lo que aprecio y agradezco). Entonces, al ver una primera oportunidad de conexión, me emociono y la quiero llevar a mi extremo. Ese ego que está asociado con otros, como el miedo a estar solo (sé y doy fe de que no lo estoy, nadie lo está), el miedo a no recibir amor (todos lo estamos recibiendo aunque no todos lo notamos, y todos somos amor), son dos entidades que se asocian con muchos de mis comportamientos erráticos y con mis frustraciones regulares con respecto de mi falta de interacción social. ¿Fue el problema de esta persona enviarme una respuesta de ese tipo? No lo sé, no puedo ver su alma hasta esa profundidad. Pero gracias a ella, pude conocer más a profundidad qué está operando en mí. Una vez que ubico esas emociones y con qué patrones o egos están relacionados, puedo definir de qué manera me puedo comportar y qué quiero activar.

Cuando hice la publicación en la red social, estaba buscando validación y apoyo. Pero también era muy consciente de que la cadena nueva que se había formado, aumentaba mi frustración, me impulsaba a justificarme (me ponía en modo víctima, yo tengo la razón y la otra persona está mal) y alimentaba otros egos. Se formó una energía que se instaló cerca de mi pulmón izquierdo, justo al lado izquierdo de mi corazón. Con cada sensación de venganza disfrazada de justicia, y con cada sensación de victimización disfrazada de yo estoy bien y ella mal, la emoción en mi pulmón y el cordón se hacían más densos. A diferencia de otras veces, en las que no he estado tan consciente del proceso, esta vez sí estuve consciente de qué iba operando. Apenas tuve la idea de hacer la publicación, me pareció malísima, y entendí que estaba relacionada directamente con los egos en cuestión, egos que ese día no sabía manejar aunque tenía muy claro su presencia y sentía su operación en mí. Sin embargo, mis voces guías me dijeron que la hiciera. Si no la hubiese realizado, no hubiera notado de qué manera operan todos esos egos asociados entre sí con mi emoción. Vi que mientras está la publicación abierta se genera o se mantiene un karma, aunque ya le envié coherencia, pero es necesario que realice una serie de acciones relacionadas con el perdón para que ese Karma o cordón de apego se disuelva. 

Permitir que surjan los egos para observar su comportamiento es un acto que tiene cierto peligro, porque la situación se nos puede ir de las manos. Sin embargo, tener experiencia en estar presente y observar sin juzgar nada, reconociendo que ni los pensamientos ni los egos ni la energía densa son yo, es decir, cuando soy consciente de que de otra manera me estaría identificando, esta situación de dejar que pase algo en un ambiente que puedes manejar es una excelente manera de ver cómo estamos operando, quiénes hemos permitido que nos habiten.


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