EL CAMINO DEL AUTOCONOCIMIENTO
En estos momentos me estoy preguntando yo misma, si tuviera que sistematizar un camino de búsqueda que sea efectivo, al menos para gente que tenga mucha similitud con mis trazos de personalidad, ¿cuál sería ese camino? Lo he querido decodificar y es algo que realizo a diario, desde enero de 2023. Creo que cada ser humano viene con una pregunta muy grande, a veces no sabemos cómo identificarla, o menos verbalizarla, pues la manifestación de esa pregunta depende de dos factores: nuestro karma y lo que estamos capacitados para entender; y el lenguaje que nos rodea, que representa una cosmovisión. Si la cosmovisión no permite la acción del espíritu en lo cotidiano, o si por acciones pasadas aún no se me permite acceder a esa información, la pregunta se queda como una espina o como un vacío. Creo también que la mayoría de humanos accedemos a alguna forma de esa pregunta: ese quién soy quiere responder algo más parecido a, ¿esto que veo es el límite? Yo siento otra cosa. Sé que hay algo inefable. Pero no podemos acceder a esa experiencia de lo inefable. A algunas personas se nos aparece la pregunta y la verbalizamos. ¿Cómo sabes que existe dios? O algo así. Según sea la tradición en donde aparece la pregunta, la personita que lo hizo puede terminar con una reacción violenta como respuesta, lo que con frecuencia le enseña a ya no hacer la pregunta más, o guardársela, y pasar por un camino solitario que le lleva, durante su adolescencia o adultez, por lugares que nunca le terminan de convencer.
¿Qué queríamos preguntar en realidad? No sé si hay algo específico. Pero sí sé que en nuestra niñez detectamos como raro o inconsecuente, en las casas que pertenecen a las religiones más largas y conocidas, y que quizá no estén relacionadas con la tradición india o de antigua tradición americana, que la vida diaria se desdice del ámbito divino. Necesitamos vivir también en la dimensión mágica en la que vive el Espíritu del que nos hablan. Lo que vemos, en cambio, es un despliegue confuso de egos que se manifiestan desde miedo en todas sus formas hasta agresión, sumisión, victimización, lujuria, y toda la gama de ignorancia que representa el falso coocimiento dado por los hallazgos intelectuales a lo largo de los siglos. La ciencia nos da resultados que luego va variando a lo largo de las décadas: nos equivocamos, en realidad no era así. Amo la ciencia, en especial, esa ciencia que quiere decodificar verdades, porque sí las hay. Sólo hemos aprendido a decir que no porque los egos se apropian de información que catalogan de verdad y la usan para someter a otros. Decir que no hay verdades es ponernos en el espacio del relativismo que se enlaza con el miedo. Atraemos más conflicto cuando nos ponemos en esa zona aparentemente segura. Ninguna zona es segura. La condición humana exige evolución, y esa evolución exige ritos de pasaje que excluyen la violencia contra otros y contra sí; y que sin embargo, pide un cambio radical. Sí hay una verdad, lo sé en mi interior. ¿Cuál es? No la sé. Pero me inclino a seguir lo que mi corazón me dice: existe una Conciencia Superior Creadora y cada ser que existe es una consecuencia de esa Conciencia. Soy Conciencia. Eres Conciencia. Nuestra naturaleza humana exige que salgamos de la condición de ignorancia (hemos firmado un contrato de olvido antes de venir aquí) porque esa condición implica sometimiento. Y mientras sigamos creyendo y actuando como si las condiciones físicas fueran determinantes, seguiremos viviendo el estado de ignorancia. Nuestros actos deben ser tales que nuestra intuición divina debe dejar de ser intuición y convertirse en realida. ¿Qué es ser divino? Significa haber identificado los bloqueos o egos que se alimentan de nuestra esencia o espíritu y haber eliminado a una gran parte. Necesitamos algunos egos para ser humanos conscientes, y tener cierta densidad. En otras palabras, significa haber pasado por la senda del autoconocimiento. En esta senda, siempre tienes compañía de seres ascendidos. A veces te visitan seres que les llaman del bajo astral, de conciencias incipientes e incluso sin conciencia, a quienes llamamos córtices o demonios. A todos esos seres hay que darles amor, todos son creación, las sombras también. Pero dar amor no debe confundirse con hacer lo que la oscuridad propone. Significa, entre otras cosas, trabajar con los poderes que contamos para actuar éticamente. Y no podemos actuar éticamente si estamos sometidos a las voluntades de los egos, estos entes que no queremos reconcoer -por principio, porque nos encanta actuar según ellos y les queremos más que a nosotros mismos- así que todo camino que se precie de evolutivo y elevado implica un trabajo de detección de egos o patrones de comportamiento contraevolutivos, desapego, y activación de nuevos patrones de comportamiento evolutivos.
Esta fórmula requiere el desarrollo de cualidades básicas: paciencia, autoobservación, separación del falso yo, conexión con la conciencia superior mediante la lectura de textos sagrados, pronunciación diaria de palabras sagradas, ejercicio para llegar a la unión con la divinidad o éxtasis místico. Todo esto, aunque aún no se haya llegado a las dos últimas instancias, es suficiente para lograr una transformación constante. Si sigues siendo la misma persona que el día de ayer, no has hecho tu trabajo del día de hoy. Ese trabajo incluye no juzgarse ni juzgar a nadie más. Es importante separar el conocimiento del acto de juzgar. Necesitamos reírnos. Pensar que el camino del filo de la navaja es sólamente momentos arduos es una mala concepción. La mayor parte del día debemos ser amables con todas las personas y seres, tener respeto, nuevamente, no significa hacer lo que otros quieren, sino reconocer que quienes se cruzan en nuestro camino también son divinidad y no lo saben; a veces significa actuar como actuaríamos con personas que ignoran la pequeña verdad a la cual estamos llegando. Ríe y haz reír. Haz lo que amas. Si en tu día no hay espacio para lo que amas, mejor replanteáte la vida. Estás acá para esforzarte y descubrir tu verdad y desde ahí llegar a develar tu unión con la divinidad. Pero esa vida merece tener acciones felices y amorosas diarias. Esos trazos con los que viniste, tus sueños, eso que te transforma y te llena de dicha, son acciones que te dan energía al alma. Realízalas como un primer acto de amor propio. Recuerda que hay que amar al prójimo como a sí mismo, eso implica que tu primer amor eres tú. Si no te tienes como primer amor, es muy posible que seas incapaz de haber amado a cabalidad. Cambia eso. Haz cosas que te hagan feliz, ríe y haz reír.
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