EL VALOR DE LA EXPERIMENTACIÓN, ¿QUÉ HAY MÁS ALLÁ?
El gran reto de la existencia humana es la experiencia de construcción. Sospecho que es un hecho más que cultural, una necesidad, enseñarle a un humano los peligros que hay en acciones que le podrían costar la vida: no acercarse tanto al borde de los balcones, alejar los dedos u objetos metálicos de los tomacorrientes, no jugar con juego, o si tu familia hace malabares con fuego, entrenar en lugares no inflamables. Sabemos qué cosa evitar. Pero la destrucción es un recurso fácil. Está a la mano. Alguna parte de nuestras poblaciones es conciente de que destruye: gente que al robar mata a quienes se cruzan en su camino; matanzas por odio o venganza; minería legal o ilegal que arraza con el medio ambiente, con ecosistemas y poblaciones de humanos. Destruir es fácil, en parte porque es una herramienta comprobada. Funciona. Si no tengo acceso a la destrucción de algo, pero realmente deseo acabar con eso, consigo el acceso. Pero este ensayo no quiere hablar de esas formas de destruir, esas formas extremas que una parte pequeña de la población mundial aplica y que genera gran malestar, no es lo que nos preocupa. Ya nos encargaremos de cambiar esa situación más adelante. Primero abordemos a la gente tibia, que lo único que conoce es pensar en problemas y cómo sus vidas son una desgracia, y buscan validación al seguir hablando de sus problemas. Esa ignorancia de la destrucción que hacen a sus propios caminos neuronales, a su salud emocional y física, afecta también al entorno. Aporta energía a la destruccón general de las cosas. Pero, tampoco de esta ignorancia es la que quiero hablar. Ninguna de las personas que se ubican en estos dos grupos de gente, los absolutamente calientes, o los tibios, tendrían ningún inerés en leer esto. La auto-victimización aún inconsciente no quiere buscar evolucionar porque eso significaría el término de su justificación para ser irascibles y permanecer en la ilusión de la separación, en la identificación con cualquier cosa con la que se estén identificando ahora. Paso.
La búsqueda de evolucionar en consciencia, que ahora se equipara con la búsqueda de un mejor manejo espiritual, e incluso, con el crecimiento personal, implica una transformación clara. Esa transformación consiste en un cambio que siempre es tripartito: empieza con una idea clara de lo que quiero conseguir o experimentar. Esa idea a manifestar, exige dejar de ser de una manera, y empezar a ser de otra. El coaching de vida evidencia esto a la manera de la siguiente fórmula: la claridad en tu objetivo implica una transormación: parte importante de esa transformación es identificar los patrones de comportamiento que te bloquean o retrasan en la obtención de tu meta; pero a la vez hay la exigencia de, ¿ahora cómo quiero ser? ¿De qué manera actúo distinto? Normalmente, esa activación de lo nuevo es lo opuesto a lo que se desactiva. Hace trece años, sin ser consciente de lo que estaba realizando, renuncié a mi trabajo soñado para dedicarme a hacer performance. Tenía claro que quería un espacio creativo para construir algo significativo con el cuerpo, y que de momento ya no quería enseñar ni realizar eventos, actividades que eran la fuente de todo mi ingreso económico. No me había dado cuenta, pero para activar mi nuevo futuro, tenía que lanzarme al vacío; dejar atrás mis miedos, y activar el valor para renunciar y activar mi nueva vida. No tenía idea de cómo lo iba a hacer, pero tenía la claridad suficiente como para saber que mi primer paso era renunciar. Preparé a mis sucesoras con la suficiente anticipación, y en seis meses ya estaba fuera. Se me acababa el dinero y me empezó a dominar el pánico. A pesar de la emoción fortísima de quedarme en la calle, tuve el valor de rechazar varias veces propuestas de trabajo en las que me ofrecían hasta el doble de lo que estaba ganando en mi trabajo anterior. Saqué mis cuentas energéticas rápidamente. Primero, no me parecía ético haber dejado el proyecto de una persona amiga para irme a trabajar sólo por dinero con desconocidos. Segundo, me puse en situación; sentí que era miserable volviendo a mi acción pasada, así fuera en un sitio hermoso con las mejores alumnas. Ya no quería esa vida. Así que respondí no, no era una negación del ingreso económico, era una negación de que el pasado siguiera su curso en el futuro. Esa vida ya había terminado para mí de esa manera. Pasé varias semanas sintiendo ese pánico, hasta que un día me dije a mí misma, ¡basta! ¡Basta, basta, basta! Has seguido lo que quería tu corazón, ya aparecerá alguna respuesta.
Debo decir que no hice nada. No llamé a nadie, no me promocioné. Sólo dejé que se resquebrajara en mí, como si hubiese sido una pared dura de barro, la sensación de pánico, como si hubiera sido una costra dura que depronto se desplomaba contra en suelo y se hacía polvo. Me sentí libre, tranquila, y feliz. Esa misma tarde, me llamaron a ofrecerme el trabajo que estaba buscando sin saberlo. En parte, la llamada fue así: Hola Ursula, son Daniel... Tengo este trabajo (Las brujas y sacerdotisas de Machu Picchu), y había pensado en ti desde un principio, pero tenías el compromiso de Evidencia (el centro cultural en el que trabajaba). Hoy me enteré de que estás disponible, ¿es cierto?
Fue así que trabajé durante 9 meses en uno de los proyectos más lindos de mi vida, siendo muy feliz en todo sentido. Cuando el dueño del proyecto, Toto, me vio por primera vez, al final de la función me dijo: Yo te he soñado, yo he hecho este show por ti. Y, pues, resulta que el personaje que desarrollé, en el el que mi corporalidad estuvo trabajada a partir de una tarántula marrón, me vino como una canalización. De hecho, cada vez que ponía un pie en el escenario, me sentía poseída por una fuerza poderosa, y cuando visité el museo de sitio, los objetos que le habían pertenecido a la sacerdotisa que yo representaba (Libiaq, la guardiana del Rayo), me conmocioné. En principio, tuve la sospecha de que había sido yo misma muchas vidas atrás. Pero ahora sólo siento que hubo la necesidad de canalizar esa energía de manera clara, y que lo que tenía en el corazón era la manifestación de esa canalización y yo fui la facilitadora. Era algo que me superaba a mí misma y que me removió a muchos niveles.
Ahora, ¿qué hago yo misma con esta información? Hace unas horas, Montie, una gran amiga, una de las mejores pole dancers del circuito Pole Art a nivel mundial, me contó que siempre que no tiene ganas de dar una clase, piensa, no quiero dar esta clase, y acto seguido, llaman a cancelar. Me pasa exactamente lo mismo. Tengo la energía de dar las sesiones sí o sí, pero siempre, siempre sucede que cuando realmente no me siento como para dar una sesión, me llaman a cancelarla. En ese mismo mensaje, Montie me dice que quisiera que suceda lo mismo pero con cosas como que le paguen un viaje completo a España. Recordé que en pocas ocasiones he pedido a mis angelitos que me acerquen un cliente, y sucede.
He descubierto que en el fondo no me siento merecedora de tener más clientes. Siento que tengo que pagar algún derecho de piso, pero cuando veo a muchas personas que tienen éxito desmedido, siento, definitivamente lo puedo hacer mejor. Quizá mi falta de credibilidad en mí misma me está impidiendo poner en práctica las habilidades y conocimiento de los cuales ya dispongo para ponerme en servico de otras personas.
Marcia, mi mejor amiga, lo explica de mejor manera: El universo, al igual que tu cerebro, no notan la diferencia entre lo que vives en tu mente y lo que vives en la realidad. ¿Qué significa esto? Significa que esencialmente no hay diferencia entre la imaginación y el mundo físico. Lo que vives repetidamente con tu imaginación se vuelve lo que tu percibes en el mundo físico. Se vuelve más denso cada vez que lo vives con la mente, como capa sobre capa de una imagen dibujada en un papel transparente. La imaginación es realidad en el proceso de manifestar hacia una densidad que pueda ser percibida por los sentidos humanos.*
Yo diría, parafraseando a Marcia, la imaginación es la realidad en proceso.
¿Qué hago ahora con esta información? Pues, ésa es la tarea del ser humano. ¿Cómo voy a saber que de lo que hablo es una verdad o por lo menos una posibilidad si no experimento? ¿Puedo buscarle peros o dudar de ella? Por supuesto, es nuestro deber dudar. Pero eso no nos exime de la experimentación porque lo único que va a validar nuestra hipótesis es el hacer, no el pensar puro.
Al inicio de este ensayo, me refería a que nos es más fácil destruir. Voy a utilizar ahora un verbo más amable pero que representa lo que Montie y yo hemos puesto en práctica tantas veces: usamos nuestro poder de manifestación para deconstruir una realidad. Algo que potencialmente va a suceder en el futuro porque ya está pagado y marcado en el calendario deja de suceder una vez que tenemos claro que no queremos que suceda en ese momento. Estamos manifestando una deconstrucción. Nos es fácil. Sabemos los caminos para deconstruir. Deconstruimos -o destruimos- relaciones amorosas, relaciones amicales, relaciones con la madre o el padre, con el hijo o la hija o la hijx. Nos es más fácil mandar a la mierdad a algo o a alguien. No necesitamos talento para saber cómo lanzar un artefacto contra el suelo y romperlo. Construir, sanar, escuchar, conocer toma esfuerzo. Encontramos fuerzas para construir cuando no vemos otra salida. A veces, incluso, construimos nuestro propio camino de destrucción o deconstrucción. Pero la construcción en sí requiere conocimiento. Un saber hacer, una adecuación a una práctica. Al igual que manifestar justicia requiere una práctica personal de ser justa (como diría Aristóteles), o que manifestar una brillante carrera de arquitectura requeriría de mí que estudiara esa profesión y que además diera un esfuerzo extra con mi creatividad y mi pasión de manera diaria hasta que no hubiera otra posibilidad sino hacer cosas geniales que la gente desee en sus vidas, hasta que me encarguen nuevas construcciones geniales, intuyo que manifestar es un arte en sí mismo y requiere práctica diaria y constante.
Hace un tiempo me llegó un video en el que alguien expresaba que en al antigüedad, como, hace más de diez mil años, quizá en las épocas en las que se adjudica la existencia de la Atlántida, la gente manifestaba automáticamente. Un cambio o un error en nuestras acciones, hizo que se revirtiera ese proceso lo cual le causó a la humanidad de ese entonces una gran depresión. En ese momento pensé, ¡qué mierda es esto? En verdad lo sigo pensando. Casi todo ese argumento es demasiado woo woo, yo ya soy bastante woo woo. Pero, siento como una verdad, porque la he experimentado en la deconstrucción, este poder de manifestación inmediata. Ojo, no estoy refiriéndome a manifestar, por ejemplo, un casatillo con una gran piscina, sala de meditación, un salón para entrenar danza aérea, biblioteca y salas de baile (BTW, si sabes de un lugar así, avísame), con un abrir y cerrar de ojos. Me refiero a cosas que seguramente manifestamos a voluntad diariamente: un buen lugar de parqueo, que alguien te lame para salir a bailar este fin de semana, que un amigo te invite a un viaje con todo pagado para meditar (me ha pasado casi ipso facto), que un cliente nuevo te lame para una consulta de último minuto, que alguien te invite una cerveza o un postre de la nada, una nueva amiga, un día de paz, un día de juerga, y todo sin que muevas un dedo, solo con el hecho de desearlo limpiamente. A eso me refiero. ¿Qué puedo o qué puedes replicar de eso?
(Aún sin terminar)
*Original: The universe as well as your brain does not know the difference between what you vividly imagine and reality. What does this mean? It means that there is essentially no difference between imagination and reality. What you vividly imagine repeatedly, becomes what you perceive as reality. It becomes more dense each time you imagine it, like layer upon layer of an image drawn on transparent paper. Imagination is reality in the process of manifesting into a desity that can be perceived by the human senses.
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